Ecuador ultrajado… nunca más

Diego Yépez Garcés y Gisela Vaca Jaramillo

Ultrajar es una palabra fuerte, involucra destrucción, inclemencia y esto conduce a la impotencia. Este sentimiento es el que muchos ecuatorianos sentimos. Nuestros derechos, una utopía; nuestras ciudades, destruidas; nuestra dignidad, pisoteada. El pasado sábado 13 y domingo 14 de Octubre las movilizaciones originadas por el paro nacional convocado por los transportistas y luego los indígenas llegó a su punto crítico; durante 12 días el País venía viviendo una serie de ataques, movilizaciones, reclamos, incendios, entre otros, pero ese fin de semana todo se desbordó. No fue un simple reclamo, fue una Guerra Civil. Estuvimos al límite de que iniciara un verdadero cruce de balas, vinieran de donde viniesen. La violencia fue el único lenguaje en nuestra pequeña sociedad. Hay tantas historias de lo vivido como cada ecuatoriano; sin embargo, la mayoría coinciden todas en incertidumbre y en miedo. Delincuentes comunes se habían mezclado con los manifestantes; ya no era un reclamo válido o legítimo, sino una oportunidad para sembrar el caos, para obtener cosas a la fuerza, para saquear, dañar y destrozar. Muchos en redes sociales pedían que las FFAA abran fuego. Pero, hacerlo era herir al ciudadano de a pie; ¿quién o cómo distinguir?. En momentos de pánico el cerebro solo te insta a protegerte. Ahora vuelta la calma, ¿qué habría sucedido si efectivamente se abría el fuego? La primera bala disparada a la persona equivocada, en el lugar incorrecto y en una situación inadecuada hubiese dado pie al pretexto que necesitan los integrantes de un movimiento o asociación, ignorante y resentida, para convertirse en futura guerrilla. Estuvimos a un gatillo de ver el nacimiento de las FARC versión ecuatoriana. Ahora, digerido el miedo y la zozobra vivida; limpias las calles, recogidos escombros y basura, también vamos recogiendo pedazos de dignidad. Esa que se nos arrebató en una mesa de diálogo en la que estaban ciudadanos por los que jamás habíamos votado; esa en la que hubo imposición, más no negociación. Vimos un primer mandatario humillado por líderes minúsculos emplumados embestidos de ofensa y prepotencia. Consiguieron la derogatoria de un decreto pero apuntando al Presidente con un revólver a la cabeza. Nos queda la indignación, esa que nos obliga a mirar también a aquella dama ultrajada, la que carga una balanza en sus manos y se cubre la mirada. Los ecuatorianos, los que realmente entendemos lo que pasó y lo que pasará, buscaremos Justicia y reparación integral. En este momento, gracias a los miles de videos, fotos y testigos contaremos con rostros, nombres, actos, objetos, lugares que podrán servir de evidencia para individualizar a los responsables. Y aunque conocemos sus nombres y observamos con impotencia sus imposiciones; acordaron una derogatoria de un acto administrativo, más no impunidad, por lo tanto, queda libre el camino para iniciar todas aquellas acciones legales en su contra. Pero ahora tenemos 2 problemas serios que afrontar: el primero, los ajustes económicos necesarios para poder sobrellevar la situación económica, mismos que esta vez deberán ser bien pensados, no solo en el tipo de medidas focalizadas y bien estructuradas desde la óptica económica, sino en la estrategia de continencia necesaria para evitar que: pozos petroleros, centrales hidroeléctricas, puertos, instalaciones gubernamentales y otros vuelvan a ser el objetivo cobarde e ignorante de nuevos ataques en caso de un nuevo paro nacional; y la segunda, el incremento de un absurdo racismo y clasismo entre ecuatorianos, traducida a una desconfianza extrema. Como quiteño considero que no nos podemos permitir tener autoridades que traicionen a su ciudad y provincia a su antojo. Contrario a lo que pasó Quito, en el Guayas la diferencia fue notable; el liderazgo oportuno de la alcaldesa y del prefecto impidió el asedio de un grupo humano a la urbe y por ende su rendición; se evitaron destrozos y caos; en Quito no corrimos con la misma suerte. Superemos el hecho de que nos vendieron y traicionaron. Ahora a levantarnos, a informarnos y a educarnos; que la próxima vez que demos el voto lo hagamos pensando en líderes; no en personajes populares.

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